Uno de los problemas de los niños alérgicos a los lácteos es que, al no tomar yogur, no toman lactobacilos. Todos necesitamos lactobacilos para una buena digestión, pero en el caso de los alérgicos la necesidad es mayor, pues tener el estómago y el intestino en las mejores condiciones posibles es indispensable para su curación. Un intestino irritado, como suele ser el de las personas con alergia, necesita recibir lactobacilos para recuperarse.

Después de escuchar a una veintena de médicos y especialistas, después de leer un buen puñado de libros sobre la Alergia, algunas teorías me parecen un disparate, sobre todo cuando se trata de las alergias sin reacción inmediata. Por ejemplo, la muy extendida que dice que la dermatitis de larga duración es “atópica” y que por lo tanto no está producida por nada en especial, que uno es sensible al medio ambiente y ya está… Y que no tiene curación.

Me suena a ese tipo de enfermedades que los médicos, al no entenderlas bien, achacan a los nervios y al estrés, como los cólicos del bebé, el colon irritable o hasta hace poco las úlceras (ahora se ha descubierto que están producidas por una bacteria).

De hecho, a Julia le diagnosticaron muchas veces dermatitis atópica, pero su dermatitis ha desaparecido casi por completo con el tratamiento para el sistema digestivo y con la retirada de los alimentos ofensivos. Cuando tiene un brote siempre miramos con lupa lo que ha comido y siempre coincide que se nos ha escapado algo de lo que no puede comer.

Al parecer, y esto ya está aceptado por muchos médicos y alergólogos convencionales, la dermatitis es SIEMPRE resultado de un problema digestivo y de eliminación de toxinas. Es decir, la gente que sufre dermatitis, la sufre porque es alérgico a ciertos alimentos y/o porque sus órganos depurativos no son capaces de eliminar las toxinas externas de una manera eficaz. El problema con las alergias alimentarias radica en que no siempre se liberan los mismos anticuerpos ante los alimentos ofensivos. Como las pruebas regulares de alergia sólo miden un tipo de anticuerpo (el IgE), muchos alérgicos no dan positivo en esas pruebas.

En el caso de Julia, que tiene una alergia con reacción retardada en forma de diarrea, vómitos y dermatitis, no conseguimos un diagnóstico acertado hasta que localizamos a un buen alergólogo, el Dr. Coma, en Oviedo, cuyas pruebas miden varios tipos de anticuerpos. En cualquier caso, como os decía, uno aprende a observar con atención  y al final se descubre un patrón de alimentos que producen brotes de dermatitis. He podido predecir en Julia su alergia al pescado y a los piñones, por ejemplo, antes de que el médico nos lo confirmara.

IMPORTANTE: Mucho cuidado, sin embargo, conesas pruebas de sangre para descubrir intolerancias, que están tan de moda y que lo que miden es la liberación de histaminas, porque dan muchos falsos positivos. No son fiables. Las pruebas correctas las tiene que hacer un médico y lo que miden es la liberación de anticuerpos ante la introducción de un alimento ofensivo.

Lactobacilos para alérgicos

En fin, que el niño alérgico tiene probablemente un sistema digestivo inmaduro que no le permite procesar adecuadamente los alimentos. Así, las proteínas pasan al sistema sanguíneo, digamos que “en trozos demasiado grandes”, y los anticuerpos no las reconocen como alimento, sino como un enemigo al que hay que batir. Además, seguramente el niño alérgico ha estado tomando alimentos ofensivos camuflados en forma de aditivos (presentes en toda la comida industrial y difíciles de desenmascarar) y tiene el intestino y el estómago muy sensibles e irritados. Los lactobacilos ayudan a que el intestino recupere su flora bacteriana buena y venza la mala, pero, y aquí está la paradoja, si somos alérgicos a los lácteos, lo normal es que no tomemos lactobacilos, pues estos están sobre todo en las bacterias del yogur. Se pueden recibir de forma natural, con los fermentados de soja, de col, etc… Pero los fermentados tienen sabores muy fuertes y no queremos meter más presión a nuestro pequeño alérgico, que ya tiene bastante con su estricta dieta.

En el caso de Julia, en muchas ocasiones nos mandaron lactobacilos de la farmacia, pero todos eran derivados de la leche o de la soja y ella es alérgica a las dos cosas. Probamos suerte con uno especial para alérgicos, de una conocida marca de cremas para pieles atópicas, que en apariencia no contenía ni leche ni soja. Julia se puso fatal y no entendíamos por qué. Cuando volví a la farmacia a comprar una caja nueva de lactobacilos, sobre los ingredientes habían colocado una pegatina en la que ponía: “Contiene protonas de soja” (o algo así).

Me puse a investigar y descubrí estos lactobacilos infantiles de Solgar.

Los venden en farmacias y herbolarios que trabajen esa marca. También los hay para adultos. Como son americanos, en la etiqueta especifican: “libres de lácteos, azúcar, sal, levadura, trigo, soja y gluten”. Ojalá los fabricantes españoles tomaran nota y no se limitaran a indicar los ingredientes. Cuánto ayudaría que especificaran qué alergenos contienen o de cuáles están libres los alimentos y medicinas. Parece ser que ya se ha aprobado una ley que va en esa dirección.

Mientras, os cuento lo que nos recomendaron a nosotros. Una cucharadita de polvos de lactobacilos diarios durante una semana, una vez al mes. La mejoría en las digestiones de Julia se notó al cabo de un mes. Se pueden mezclar con líquidos pero nunca con cosas calientes. Están buenísimos y Julia se come su cucharadita diaria con gran placer. De pequeña decía que era chicle, porque se forma una especie de pasta pegajosa en la boca. Como ella no puede tomar chicle de verdad, pues con ese nombre se quedó.

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